Todo el mundo merece un buen retrato

Como fotógrafo de retratos, podría poner a la gente en dos grupos. En el primer grupo, tenes a la gente que cuando les preguntas si podes fotografiarles dicen "Me encantaría, ¿cuándo?" Y en el segundo grupo tenes a las personas que responden haciendo una lista, ya sea mentalmente o en voz alta, de todas las cosas que tienen que suceder antes de que tan siquiera puedan pensar en comprometerse con una fecha para la sesión de fotos.

Necesitan teñirse el cabello, cortarlo, hacerse las uñas, necesitan perder un poco de peso, etc. Cuando esto sucede, veo de primera mano cómo su mente los traiciona abrumándolos con expectativas inhumanas de perfección. Es como si estuvieran esperando a que todos los planetas del sistema solar se alinearan antes de permitirse ser fotografiados. Invariablemente, esas ocasiones terminan con la persona en cuestión diciéndome que me dejará saber cuándo esté lista y nunca más oigo de ella.

Es, hasta cierto punto, una reacción comprensible. Hay muy poco de lo que nos sintamos más protectores que de nuestra propia imagen. El temor subyacente es, en la mayoría de los casos, que una foto de nosotros nos causará ridículo, un ataque de inseguridad e incluso odio por nuestros cuerpos por no lograr alcanzar una versión idealizada de cómo deberíamos vernos.

Nada de eso es una sorpresa. Después de todo, lo primero que se aprende como fotógrafo de retratos es que la parte difícil de esta carrera no tiene nada que ver con sus aspectos técnicos. No se trata de saberlo todo acerca de tu equipo de iluminación, tu cámara o el resto del equipo que utilizas, porque el que tienes que ser técnicamente competente es obvio. En realidad, la parte difícil es conseguir que la persona que estás a punto de fotografiar confíe en vos, que crea que visualmente hablando estas tan comprometido como ella en que ella luzca lo mejor posible en las fotografías. Esta es la parte más difícil y al mismo tiempo la más importante de la sesión fotográfica, porque es sólo después de que esta confianza se ha establecido que la persona puede realmente relajarse y la verdadera colaboración puede comenzar.

A menudo me pregunto si la gente del segundo grupo se da cuenta de que, ya sea al postergar o al abstenerse de ser fotografiados, están haciendo algo más que evitar una imagen menos que perfecta de sí mismos. También están mandando un mensaje consciente o subconsciente a sí mismos y a otros que básicamente dice: "No merezco ser recordado".

Entiendo la lucha de aceptar donde estás ahora y el deseo de lucir mejor. A los trece años me salió acné por primera vez que fue relativamente intenso y duró ininterrumpido hasta los 18 y a los 18 empecé a ganar más peso del debido, y he tenido sobrepeso desde entonces con muy pocas excepciones. Por supuesto no quería salir gordo en fotos porque no quería que la gente me viera gordo. De lo que me di cuenta luego es que no sólo estaba impidiendo que la gente me viera con acné o gordo, sino que estaba impidiendo que la gente me viera del todo. Los álbumes familiares que contienen fotos mías se detienen alrededor de mi treceavo cumpleaños y eso siguió así hasta mediados de mis cuarenta. Sólo unas cuantas fotos de ese periodo de mi vida sobreviven aquí y allá. Incluso mucho antes de ser fotógrafo siempre fui el que se ofrecía a tomar la foto para no aparecer en ella y como resultado mi presencia en eventos importantes de mi entorno está en duda, ya que todos están ahí, en las fotografías, menos yo.

En realidad, de lo que me di cuenta es de que no sólo estaba logrando no verme mal, sino que también estaba logrando algo que no me propuse lograr conscientemente, estaba logrando ser invisible en términos de ser recordado.

Si nos logramos salir de un punto de vista basado en el ego, lo que vemos es que en realidad nuestros retratos no son sólo para nosotros y no sólo cumplen la función de alagar a nuestro ego. Los retratos son también para nuestros seres queridos, aquellos a los que les importamos y posiblemente dejaremos atrás.

Y es por eso por lo que ahora, más viejo y más sabio, entiendo el verdadero valor de un retrato. Entiendo que un día los descendientes de quienes fotografío sostendrán esa foto y mostrándosela a sus hijos o a otras personas dirán "esta era mi madre, o mi padre, etc." y no se desharían de esas fotos por ninguna cantidad de dinero.  Y lo mismo sucede con las familias separadas por una razón u otra. Por eso es por lo que todos merecemos un buen retrato.

 Mi padre.

Mi padre.